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lunes, 18 de abril de 2022

Nueva aproximación al caos

(Carlos Inquilino)

 

Suben las cotizaciones,

otras siguen en baja

acompañando el ritmo

de la crisis (nunca es

una: es plural hasta en

el singular, como caos)


El caos está por las nubes.


La cosmética ofrece recursos

para ocultar la declinación y

prolongar la vida útil.


¿A cuánto cotiza la utilidad a hoy?


Hay capas: unas lenguas declinan,

otras no, sobreviven las capaces.


La cosmética de las palabras

produce artificios para ocultar

la declinación; no declinamos:

atravesamos capas, etapas, ciclos

y secuencias. Cursan su cauce

natural. El cosmos son capas.


Conociendo las causas, podemos

reciclar y mantener alguna esperanza

cotizable, o al menos reciclable.


Las cotizaciones siempre fueron

provisorias, como la juventud y

la belleza. Hay altibajos.


El caos está por las nubes,

las nubes están hechas de capas

y metáforas.


Hay agentes del caos, auspiciantes,

aportantes, suscriptores y

desarrolladores:


No hay que dejarse llevar

por los que quieren sembrar el caos.


No es necesario ir al campo

para sembrar. En un principio

fue el caos: no fue sembrado,

nadie sembraba ni se asombraba

por la falta de metáforas

y pronósticos meteorológicos.


Estaba el caos, sin cotizar y sin

administrar ni gestionar.


Era el único sujeto

a la vez que el sujeto único.

Y ni siquiera lo sabía.


Hizo falta la palabra, para que

empezara a reinar el orden:

La palabra caos dio lugar a otras,

y al verbo divino: cotizar.


(Entre cotizar y caotizar hay poca

diferencia, apenas una vocal

abierta: la primera que aprendemos)


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