(Carlos Inquilino)
Suben las cotizaciones,
otras siguen en baja
acompañando el ritmo
de la crisis (nunca es
una: es plural hasta en
el singular, como caos)
El caos está por las nubes.
La cosmética ofrece recursos
para ocultar la declinación y
prolongar la vida útil.
¿A cuánto cotiza la utilidad a hoy?
Hay capas: unas lenguas declinan,
otras no, sobreviven las capaces.
La cosmética de las palabras
produce artificios para ocultar
la declinación; no declinamos:
atravesamos capas, etapas, ciclos
y secuencias. Cursan su cauce
natural. El cosmos son capas.
Conociendo las causas, podemos
reciclar y mantener alguna esperanza
cotizable, o al menos reciclable.
Las cotizaciones siempre fueron
provisorias, como la juventud y
la belleza. Hay altibajos.
El caos está por las nubes,
las nubes están hechas de capas
y metáforas.
Hay agentes del caos, auspiciantes,
aportantes, suscriptores y
desarrolladores:
No hay que dejarse llevar
por los que quieren sembrar el caos.
No es necesario ir al campo
para sembrar. En un principio
fue el caos: no fue sembrado,
nadie sembraba ni se asombraba
por la falta de metáforas
y pronósticos meteorológicos.
Estaba el caos, sin cotizar y sin
administrar ni gestionar.
Era el único sujeto
a la vez que el sujeto único.
Y ni siquiera lo sabía.
Hizo falta la palabra, para que
empezara a reinar el orden:
La palabra caos dio lugar a otras,
y al verbo divino: cotizar.
(Entre cotizar y caotizar hay poca
diferencia, apenas una vocal
abierta: la primera que aprendemos)
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