(Aquino Lamas)
No hago otra cosa que pensar en mi,
rezaba el poema confesional, antes
de concebirse autorreferencial.
Buscando referencias, se encontró
sospechoso: Tenía antecedentes.
Se registró a sí mismo buscando
una coartada, un argumento salvador,
un atenuante:
No soy el único, pensó y verificó
sin dejar de pensar en sí. Todos
los tienen, se asuma o no.
Pienso que no, se dijo y confirmó:
rezar no resarce
de los malos pensamientos ni
de los malos poemas.
No hago otra cosa que pensar en mi,
se confesó en su intimidad inapropiable
haciendo propio el justo deseo
de justificar, justificarse ante sí, aún
reconociendo:
Este deseo registra antecedentes.
No soy yo, no es necesario probar
para aprobar; hay suficiente prueba
acumulada en el poema que desciende,
confeso, en avanzado estado y ahora
intenta revertir su condición invirtiendo
la carga de la prueba:
Los poemas no piensan, son pensados.
Pienso que no, no importa la calidad
del pensamiento.
Todo lo posible es también pensable.
No hago otra cosa que pensar en mi:
Sin ello, no hay poema pensable
ni necesario, ni indispensable.
Rezo por vos,
pero rezo para mi
(aunque confieso que no sé rezar)
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