(Amílcar Ámbanos)
Cada vez somos más,
el crecimiento positivo expresa
la expansión del sentido productivo,
en evolución.
Crecer, es la mejor forma de aprovechar
el tiempo, un recurso no renovable.
Cada minuto es un minuto menos,
concluía una canción de amor
de otros tiempos (no era
una canción de amor, era un pedido:
no cantaba al amor en sí, sino a la
necesidad de amar algo, sin especificar)
“Necesito un amor” era la frase que
cerraba todas las estrofas.
La ausencia de un objeto preciso, permite
interpretar que el objeto es secundario, y
el sujeto le canta necesariamente a la
necesidad. Luego, bien puede ella asumir
el lugar de verdadero objeto: Un necesitado,
y en particular, de amor, es capaz de entregar
su amor a cualquier objeto, en la esperanza de
recibir algo (los humanos disponemos de un
rango muy amplio para el ejercicio del amor:
podemos amar imágenes, símbolos, objetos,
etcétera) y aliviar la necesidad.
¿Qué otra cosa es la necesidad, sino la fuente
del conflicto?
Y bien: acortar camino, reducir el trámite, evitar
intermediaciones burocráticas, abreviando:
Una respuesta evolutiva y superadora; amar la
necesidad lo resuelve todo, con la eficacia del
modelo circular, que minimiza el impacto de
la producción de respuestas a tensiones negativas
y reduce el consumo de recursos no renovables,
como el tiempo:
Cada minuto es un minuto menos.
II
Cada vez somos más:
La evolución no se detiene.
La reproducción, el crecimiento
y la expansión son signos positivos.
Cada minuto es un minuto menos,
pero cada vez somos más
los que restamos: Le estamos ganando
a la cuenta regresiva.
III
La población humana crece
y se multiplica a un ritmo sostenido,
más allá de conflictos, crisis y desastres
“naturales”.
La violencia evoluciona, e impone el ritmo
de su propia evolución.
Todas las especies conocidas, responden
ante el peligro que las amenaza, según
un mandato biológico: Reducen el ritmo
reproductivo, avizorando que el escenario
de la crisis podría agravarse al aumentar
la cantidad de individuos en un ámbito hostil.
Buscan evitar el colapso como especie; saben
lo que tienen que hacer para sobrevivir: llevan
miles de años resistiendo condiciones adversas
y distintos predadores.
IV
Hay quienes aventuran que nuestra evolución
se detuvo, por la falta de predadores
¿la evolución puede jugar en contra de sí misma?
Sólo Dios puede saberlo…
¿Qué sabemos de Dios?
Que nos creó a su imagen semejanza, que nos
ama y todo lo perdona y poco más.
Se sabe poco de El, y mucho menos de su evolución.
Se sabe que en lo suyo era perfecto...
Algunos especulan que el triunfo del monoteísmo
lo condenó al ostracismo, una soledad extrema y
poco saludable; tan superior como inexorable.
Y concluyen:
Su evolución parece haberse detenido,
probablemente por la falta de competencia.
(Es estancamiento evolutivo en el Orden
Sobrenatural o Divino, redundaría en la
proliferación de conflictos, catástrofes y
crisis de intensidad creciente como réplica
en este valle sin paz donde pace su rebaño
ya sin predadores)
V
Por fortuna, no estamos solos
y sabemos cultivar la sana competencia
que nos mantiene en forma:
Quien ama la competencia, no necesita
otros amantes; basta con conseguir
competidores, y no nos faltan, por el
contrario:
Cada vez somos más.
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