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miércoles, 20 de abril de 2022

La evolución de la perfeccion

 

(Amílcar Ámbanos)

 

Cada vez somos más,

el crecimiento positivo expresa

la expansión del sentido productivo,

en evolución.


Crecer, es la mejor forma de aprovechar

el tiempo, un recurso no renovable.


Cada minuto es un minuto menos,

concluía una canción de amor

de otros tiempos  (no era

una canción de amor, era un pedido:

no cantaba al amor en sí, sino a la

necesidad de amar algo, sin especificar)

 

“Necesito un amor” era la frase que

cerraba todas las estrofas.

La ausencia de un objeto preciso, permite

interpretar que el objeto es secundario, y

el sujeto le canta necesariamente a la

necesidad. Luego, bien puede ella asumir

el lugar de verdadero objeto: Un necesitado,

y en particular, de amor, es capaz de entregar

su amor a cualquier objeto, en la esperanza de

recibir algo (los humanos disponemos de un

rango muy amplio para el ejercicio del amor:

podemos amar imágenes, símbolos, objetos,

etcétera)  y aliviar la necesidad.


¿Qué otra cosa es la necesidad, sino la fuente

del conflicto?


Y bien: acortar camino, reducir el trámite, evitar

intermediaciones burocráticas, abreviando:

Una respuesta evolutiva y superadora; amar la

necesidad lo resuelve todo, con la eficacia del

modelo circular, que minimiza el impacto de

la producción de respuestas a tensiones negativas

y reduce el consumo de recursos no renovables,

como el tiempo:


Cada minuto es un minuto menos.



II

Cada vez somos más:

La evolución no se detiene.

La reproducción, el crecimiento

y la expansión son signos positivos.


Cada minuto es un minuto menos,

pero cada vez somos más

los que restamos: Le estamos ganando

a la cuenta regresiva.



III

La población humana crece

y se multiplica a un ritmo sostenido,

más allá de conflictos, crisis y desastres

“naturales”.


La violencia evoluciona, e impone el ritmo

de su propia evolución.


Todas las especies conocidas, responden

ante el peligro que las amenaza, según

un mandato biológico: Reducen el ritmo

reproductivo, avizorando que el escenario

de la crisis podría agravarse al aumentar

la cantidad de individuos en un ámbito hostil.


Buscan evitar el colapso como especie; saben

lo que tienen que hacer para sobrevivir: llevan

miles de años resistiendo condiciones adversas

y distintos predadores.


IV

Hay quienes aventuran que nuestra evolución

se detuvo, por la falta de predadores


¿la evolución puede jugar en contra de sí misma?


Sólo Dios puede saberlo…


¿Qué sabemos de Dios?


Que nos creó a su imagen semejanza, que nos

ama y todo lo perdona y poco más.

Se sabe poco de El, y mucho menos de su evolución.

Se sabe que en lo suyo era perfecto...


Algunos especulan que el triunfo del monoteísmo

lo condenó al ostracismo, una soledad extrema y

poco saludable; tan superior como inexorable.


Y concluyen:

Su evolución parece haberse detenido,

probablemente por la falta de competencia.


(Es estancamiento evolutivo en el Orden

Sobrenatural o Divino, redundaría en la

proliferación de conflictos, catástrofes y

crisis de intensidad creciente como réplica

en este valle sin paz donde pace su rebaño

ya sin predadores)



V

Por fortuna, no estamos solos

y sabemos cultivar la sana competencia

que nos mantiene en forma:


Quien ama la competencia, no necesita

otros amantes; basta con conseguir

competidores, y no nos faltan, por el

contrario:


Cada vez somos más.




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