(Onésimo Evans)
Yo era un hombre gris
pero no lo valoraba, no lo sabía.
Ya antes de ser hombre
pintaba para gris: No
pintaba mucho, hacía dibujos
grises que nadie agradecía.
(El gris está subvalorado, degradado.
No brilla ni se impone en los salones.
Suele pasar desapercibido entre otros
tonos más intensos o agresivos. Como
pasa desapercibida la magnitud de su
diversidad: hay infinitos grises)
II
Como estudiante no sobresalía,
era un alumno gris, a lo sumo.
Al sumar 15 años tuve mi primer traje
gris, que con el tiempo fue también
el único:
Se puede ser feliz con poco,
piensa el hombre gris.
Era casi feliz con mi traje gris:
Feliz y gris.
Quien sigue su propio gris
no se degrada ni desvía, y está libre
de cometer excesos cromáticos.
(No sé si me seguís)
No hay grises excesivos, más todos
coincidimos en alguno.
III
Cabe agregar al valor del gris
(para no ir más lejos de la tonalidad)
que todo lo que somos, no sería
tal sin este desarrollo de nuestra
materia gris.
IV
Yo era un hombre gris
hasta que leí el poema de Luis
en un día gris (Un interno psiquiátrico)
No hay más datos, tal vez no importa.
Ya no seré feliz, pero hago poemas
cada vez más grises. No es mucho,
tampoco es poco.
No todo es blanco o negro,
hay grises, y hay grises más felices:
Hay infinitos grises.
No importa quien lo dice.
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