(Asensio Escalante)
Este eje es perfecto
para todo lo que lo rodea.
Hay ejemplos,
estamos rodeados de ejes ejemplares.
Todo aquello que no
se circunscribe al movimiento,
se percibe ajeno.
El ejercicio de girar
es el único posible -y por tanto
perfecto- para la función
dispuesta desde el eje.
Desde lejos, los ejes pierden
gravitación; se perciben como ajenos
o ni siquiera se perciben como lo
que son: ejes en ejercicio.
El concepto de eje, permite deslizar
el pensamiento en el sentido del
modelo circular, y observar sin obstáculos
la libre circulación de todo cuanto es:
conceptos, cuerpos, ejes, semiejes,
verdades en curso, ejércitos que avanzan
y hasta partículas apócrifas, metáforas.
La observación precisa
de un eje cualesquiera, nos acerca
a la perfección: No hay movimiento
librado al azar, todo tiene su eje
-aunque no lo sepa-
Los ejes no se reproducen, no producen
hijos propios, pero se renuevan:
La hegemonía puede cambiar de signo,
pero el movimiento permanece.
Hay un eje mayor y primordial que
no se corre de su eje, sea o no percibida
y aceptada como tal esta verdad que
gira, sin otro fin.
Cada uno es libre de observar
la perfección, desde su propio eje.
Los ciclos naturales responden a ese
orden perfecto que todo lo contiene,
incluyendo la inutilidad del canto,
los círculos áulicos que emiten sus
verdades axiales, así como el poema circular
y hasta el canto profano del hereje.
Eje torpe me proteje
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