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sábado, 23 de abril de 2022

El eje de la percepción

 

(Asensio Escalante)

 

Este eje es perfecto

para todo lo que lo rodea.


Hay ejemplos,

estamos rodeados de ejes ejemplares.


Todo aquello que no

se circunscribe al movimiento,

se percibe ajeno.


El ejercicio de girar

es el único posible -y por tanto

perfecto- para la función

dispuesta desde el eje.


Desde lejos, los ejes pierden

gravitación; se perciben como ajenos

o ni siquiera se perciben como lo

que son: ejes en ejercicio.


El concepto de eje, permite deslizar

el pensamiento en el sentido del

modelo circular, y observar sin obstáculos

la libre circulación de todo cuanto es:

conceptos, cuerpos, ejes, semiejes,

verdades en curso, ejércitos que avanzan

y hasta partículas apócrifas, metáforas.


La observación precisa

de un eje cualesquiera, nos acerca

a la perfección: No hay movimiento

librado al azar, todo tiene su eje

-aunque no lo sepa-


Los ejes no se reproducen, no producen

hijos propios, pero se renuevan:

La hegemonía puede cambiar de signo,

pero el movimiento permanece.


Hay un eje mayor y primordial que

no se corre de su eje, sea o no percibida

y aceptada como tal esta verdad que

gira, sin otro fin.


Cada uno es libre de observar

la perfección, desde su propio eje.


Los ciclos naturales responden a ese

orden perfecto que todo lo contiene,

incluyendo la inutilidad del canto,

los círculos áulicos que emiten sus

verdades axiales, así como el poema circular


y hasta el canto profano del hereje.


Eje torpe me proteje 


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