Translate

lunes, 11 de abril de 2022

El hongo solo

 

(Ricardo Mansoler)

 

El hongo no sabe estar solo,

aunque su presencia aparezca

como una discontinuidad del paisaje

desierto de hongos:


Un cuerpo que emerge vertical

y emite una sombra proporcional,

materia organizada que se eleva

sobre el horizonte (el mismo horizonte

desde el que elevamos nuestras oraciones

cotidianas)


Ningún hongo está solo, aunque lo

parezca. Ellos saben sobreactuar esa

pretendida soledad ante presencias

extrañas y atraer la atención

del viandante incauto y no avezado.


(Hay quienes mueren por besar un hongo.

Nunca beses un hongo desconocido, estos

seres pueden ser tan atractivos como letales)


Hay hongos amigables y hasta comestibles,

pero lo más seguro es dudar de todos, salvo

de los que provienen del cultivo humano

y tienen precio: Es justo pagar por despejar

las dudas; todo tiene su precio, aunque sea

excesivo (los excesos se pagan)


El hongo vive poco, goza de una condición

efímera respecto de otros organismos, tan

o más dudosos.


Sirven para hacer metáforas, alimentar

fantasías, y poco más.


Son engañosos, como las metáforas.

Nadie está solo como un hongo, porque

el hongo nunca está solo: es la emergencia

visible de una comunidad subterránea

altamente organizada que se extiende

a lo largo del planeta.


Plantea algo más simple el hongo, su

presencia: Ni flor ni fruto, carne blanca

u obscura que brota de la nada y no

pregunta cuánto es.


¿Como es arriba es abajo?


El hongo no responde, no se mueve.

La contradicción y la metáfora no entran

en su metabolismo.

No sabe cuanto vale la hora hongo, no

labra su futuro ni necesita saberse libre

y esperar que vuelen sus esporas.


El hongo no se inmuta, no se mueve;

el hongo no elonga. No finge ni funge

de ser lo que no es: es sólo un hongo.


No se cansa de ser hongo, ni ofrece

resistencia a las clasificaciones y a las

metáforas de hongos.


No tiene sexo ni género, ni son todos

iguales. No se arrepienten de ser hongos

ni reniegan de su condición efímera.


Los hongos no van al cielo, ni aspiran.

No gozan de adjetivos posesivos ni

pronombres (nuestra casa, mi amor,

mi cielo, micelio es nuestro nombre

de su mundo)


Pueden crecer, o no, es indistinto;

su instinto de hongo es suficiente

para reproducirse mucho más allá

del tiempo en que se lee o escribe

un poema fungible.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

 
Licencia Creative Commons
http//ahoraqueestasausente.blogspot.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.