(Antístenes Oquendo)
Las aspiraciones siempre superan
a la realidad y son, tal vez lo único
que nos permite soportarla.
Sólo Dios sabe qué sería este mundo
sin todas las aspiraciones humanas
pudieran realizarse a la vez.
Yo tenía un poema relativo,
no le faltaba, ni sobraba nada.
Si no era perfecto, llegaba a rozar
la perfección, que es todo lo aspirable
para la condición humana.
Después, hubo que escribirlo
y ya no fue lo mismo. No valía la pena
intentar corregirlo.
Pero la realidad es que siempre
podemos volver a aspirar, o renovar
viejas aspiraciones:
Hay bastante libertad para aspirar
como para repetir. Los poemas
siempre pueden esperar.
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