(Florencio Cusenier)
Sarmiento era un hombre culto,
su pluma cuidada y armoniosa,
por momentos contundente, no
necesita adjetivos para revelar
a alguien leído y cultivado.
Pero a veces, esos atributos no
resultan suficientes para librarse
de prejuicios al leer la realidad,
y poder interpretar el mundo desde
una perspectiva amplia y un criterio
justo.
Aferrado a sus principios, no supo
apreciar las oportunidades de la barbarie,
o lo que él así calificaba. El impulso
por imponer su mandato civilizatorio
lo llevó a despreciar tanto al aborigen,
al gaucho y los caudillos, como a los
inmigrantes de baja estofa.
Como si fuera poco, se empecinó en
continuar la guerra de la Triple Alianza
iniciada por Mitre, otro hombre de letras,
que supo cultivarse, sin que ello evitara
sus decisiones cuestionables.
La obra cumbre de Sarmiento es “Facundo”
donde despliega sus mejores artes para
denostar al caudillo que admiraba, y tal vez
envidiaba.
¿Cuánto le debemos a su pluma
los civilizados de hoy?
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