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martes, 19 de septiembre de 2017

Derechos naturales

(Abel A. Borda)



¿La vivienda es un derecho?
Sí, pero también un negocio, y los derechos,
como sabemos, son todos negociables: se
obtienen por medio de luchas y negociaciones
-la negociación es una forma de lucha, una
expresión evolucionada y menos violenta-

Se lucha por mejores condiciones, para obtener
un precio justo, o para hacer respetar derechos,
aunque a menudo la lucha sea infructuosa. No se
puede dejar de luchar, abandonar la lucha, la lucha
es algo natural en las comunidades civilizadas.

Los derechos humanos no son algo natural, sino
el resultado de siglos de luchas y negociaciones.
La negociación es una resolución del conflicto
propia y exclusiva de organismos muy desarrollados,
criaturas altamente organizadas: Negociamos
desde que conocemos el comercio de la palabra -el
comercio y la palabra son atributos exclusivos del
humano, los otros animales no negocian ni son
capaces de crear riqueza.

Los derechos humanos, que hoy nos resultan algo
natural, son menos naturales que toda la violencia
contenida en nuestra historia.

Distintas culturas y comunidades, no reconocen
por igual esos derechos: la noción de derecho,
como los criterios de justicia, son interpretaciones
signadas por la subjetividad de cada cultura.

Entre los derechos humanos el más aceptado
como natural es el derecho de piso.



miércoles, 30 de agosto de 2017

Falocentrismo y cultura

(Ester Miño)



En Japón, celebran el día del pene.
Penes de diverso tenor
desfilan por la vía pública
acunados por jóvenes japonesas.

Penes imponentes, penes desmesurados,
penes desmembrados participan
de la fiesta popular, desde su erección
indeclinable: una desmesura que sólo
puede ser propia de una cultura
desmesurada.

Esto despejaría la principal duda existencial,
metafísica, ontológica de todos los miembros
de la población masculina: el tamaño no es
un tema menor, el tamaño importa.

Los japoneses no tienen fama de ser bien dotados
(alguna vez leí un informe -hay que leer de todo-
sobre la medida media viril en las distintas etnias
o comunidades -hay gente dispuesta a medirlo
todo- y si bien no recuerdo los guarismos, los
africanos estaban a la cabeza -glande- entre los
beneficiados por la generosidad de la Naturaleza
en este rubro, al contrario de los nipones)

Es justo que las japonesas se expresen en libertad,
enarbolando inopinados penes, reivindicando su
aspiración a un mayor volumen de goce; el goce
es salud y la salud es un derecho.

Hay penes derechos y torcidos, penes excesivos,
hay penes y penes:  penes penosos que no valen un
penique, penes irrisorios, penes risibles y penachos
irreductibles e inopinables.

Acá no tenemos un día asignado a esa celebración,
pero ostentamos como monumento nacional
un imponente falo enclavado en el centro de
nuestra capital.

En cuanto a los japoneses, hay que decir
que las estadísticas son siempre sospechosas
(pienso en Op Oloop, el estadígrafo que con rigor
profesional se había impuesto la tarea de visitar
cada día de su vida un burdel, para recoger información
sobre actitudes y conductas en diversos tipos femeninos,
y lo cumplía a rajatabla. Quería conocer el alma femenina,
algo inútil; ya Freud lo hubo intentado
concluyendo en la famosa pregunta:
¿Qué quieren las mujeres?)

lunes, 21 de agosto de 2017

Poesía y Capitalismo (Sobre el poema de Juan Gelman)

(Onésimo Evans)



Toda poesía es hostil al capitalismo,
aún cuando la hostilidad no se manifieste.

-Pero el capitalismo ha dado buenos poetas…
-Sí, como el esclavismo, el feudalismo y otros
humanismos.

Del mismo modo, hay quien sostiene que debemos
al capitalismo el desarrollo de la ciencia y la evolución
de la tecnología que hoy disponemos.
Un argumento débil:  La producción de conocimiento es 
muy anterior al capitalismo, este sólo le ha fijado una 
dirección, que es la que le resulta útil.  Así, se han 
producido conocimientos que fueron discontinuados
por ser hostiles a los intereses del capital.

La poesía, el sistema poético, es hostil
a todos los sistemas, y es hostil a las definiciones:
No hay una definición definitiva, la poesía
se defiende no siendo idéntica a sí misma.

El capitalismo suele tolerar todo aquello
que no lo reproduce ni lo representa,
mientras no moleste.

Un poeta puede molestar, o no.
Un poeta no tiene por qué ser popular -hay quien
sostiene que no puede: habría contradicción entre
esos términos-

El Capitalismo es más popular que la poesía:
Los sentimientos propios del capitalismo, como
el sentimiento de propiedad, la codicia, la astucia,
el servilismo, la traición, el oportunismo, son
en nuestra tradicion más populares que el
sentimiento poético.

Se podría profundizar en esta relación
entre capitalismo y poesía, pero el capital
rechaza la profundidad, sólo quiere sujetos
superficiales, seres seriales que entablen relaciones
superficiales: El valor está en la superficie, todo
lo útil está aquí.

Hay autores que sobrenadan esa superficie,
se adaptan a las condiciones impuestas
a cambio de mantenerse a flote.

Pero la poesía es hostil a las adaptaciones,
la poesía es riesgo y aventura; debe elevarse
para llegar al fondo, debe agitar y cuestionarlo
todo: Debe alterar el orden, la poesía
linda con la filosofía y con la locura.
No puede, el poeta, dejar de ser profundo,
no puede negociar: el poema no es literatura
y “la poesía sólo exige la abolición del mundo”




(Toda poesía es hostil al capitalismo:  Poema de Juan Gelman)

viernes, 11 de agosto de 2017

El costo de la vida

(Abel A. Borda)



Las dificultades aumentan
a un ritmo sostenido
mientras dibujo un ocho

Abochornado,
observo como aumenta
a un ritmo sostenido
el costo de la vida

¿Qué es la vida, un frenesí?

No, ante todo es cuestión de mantener
el ritmo, superando las dificultades
que aumentan a un ritmo sostenido
mientras dibujo un ocho.

Repito: no hay que abochornarse por
repetir; la base del ritmo es la repetición
-que además, caracteriza la realidad
psíquica del sujeto-

El costo de la vida, así como su aumento,
debe aceptarse como algo natural:
la vida es un derecho, como es sabido,
y todo derecho tiene un costo.

(Hay costos y costas, derechos y derechas:
hoy nadie se reconoce de derecha; las
derechas han reconocido su derecho a no
reconocerse. Lo correcto es ubicarse en el
centro de lo que sea: la centralidad permite
mayor margen de maniobra)

Pero no hay que amilanarse ni deprimirse
por el alza del costo de la vida;  también
podemos interpretarlo como una oportunidad.
Si los costos se disparan, sólo es cuestión
de sostener el ritmo y trasladarlos a los precios

(el problema sería la caída de la demanda; ahí
hay que salir a buscar nuevos mercados, mejorar
la oferta, agregar valor al producto, y recurrir a
una publicidad inteligente y agresiva, capaz de
convencer a todos de que lo nuestro es útil,
necesario, e incluso imprescindible: Lo mejor
es ofrecer algo que parezca imprescindible.
 
Uno paga lo que no tiene con tal de no
prescindir)


lunes, 31 de julio de 2017

El pensamiento negativo

(Tomás Lovano)



Encontrar un pesimista que no fume
es como hallar una aguja en un pajar…
Leía en un sitio virtual.

Es natural relacionar un hábito nocivo
con un sentimiento negativo  (pienso,
mientras sigo recorriendo esta página
de signo negativo)

Por el contrario, los cultores del pensamiento
positivo, emanan optimismo, predican el
entusiasmo y suelen ser ajenos a conductas
adictivas. No necesitan refugiarse en vicios
o adicciones, viven sin contradicciones:
aceptan la realidad tal como es,
o como la perciben,
o como la quieren percibir.

El pesimista fuma, consume humo
y visita sitios de signo negativo
donde se reconoce y realimenta
su pesimismo natural.

Se podría dividir las páginas de la red
en dos grupos: positivas y negativas.

Las primeras, con distintos matices,
ensayan aproximaciones a valores subjetivos
como la armonía, la serenidad y la paz
espiritual, la vida saludable y cuestiones
vinculadas a la búsqueda de la espiritualidad
y la superación individual, con especial cuidado
de no confrontar con la realidad social, ni con el
sistema económico y sus expresiones políticas.
Lo positivo, está en la aceptación: aceptar para
poder avanzar, competir y superarse como individuo.

El otro grupo, en cambio, pareciera concentrar
todo lo negativo de la experiencia humana:
Negadores de la fe, de los valores tradicionales,
de la tauromaquia y de la tracción a sangre,
negadores de las leyes naturales, de la propiedad
y su función social, de las instituciones, negadores
de la historia oficial, de los derechos naturales de los
conquistadores, de los sentimientos nacionales, y
negadores de la patria, del Estado y de la cultura del
trabajo…

Negadores seriales, sólo los une el apego a esta
condición o la pasión por el signo negativo.
Inadaptados que quisieran cambiar el mundo,
tan solo para no tener que adaptarse,
-que siempre es trabajoso- y seguir en su zona
de confort, visitando páginas de signo negativo,

mientras fuman, siguen fumando...



sábado, 29 de julio de 2017

Poemas artificiales

(Abel A. Borda)



¿Cómo sé que no soy un robot?
Decía el poema artificial (todo
poema es artificial)

Una novela: “El día en que una computadora
escriba una novela” estuvo a punto de ganar
un prestigioso concurso literario en Japón.
El dato curioso:  era una novela escrita por
una computadora, y no era la única.

Si una computadora puede escribir
novelas, también puede hacer poemas.

Hace años, pude leer algunos experimentos
de cierto interés.
La inteligencia artificial no parece conocer
límites, hay que reconocer.

No hace falta demasiada inteligencia
para hacer poemas. No hace falta ser
inteligente, basta con ser poeta (algunos
lo son, pero eso no los hace hacer mejores
poemas)

Hay que ver lo positivo, dejar de lado el
narcisismo y entender que ésto puede renovar
y revitalizar el ámbito poético, y representar
un aliciente para tanto poeta que no encuentra
su lugar en este mundo.

La sociedad moderna no necesita poetas, sino
emprendedores, desarrolladores, asesores,
gente competente con voluntad de crecer y
generar oportunidades. Todas las necesidades
tienen una resolución tecnológica, y las
tecnologías se desarrollan impulsadas por la
competencia.

La fórmula que rige la condición ontológica
del sujeto posmoderno:  Ser es competir,
se impone en todos los ámbitos, y los poetas
están desde hace tiempo fuera de toda
competencia: había escasa demanda y
demasiados poemas.

Ahora, se presenta la oportunidad de competir
con máquinas, un nuevo desafío que se traslada
al lector: debe descubrir si lo que lee es obra
de un autor humano o no (aunque el lector
también pueda ser un robot)


domingo, 23 de julio de 2017

Opciones

(Ricardo Mansoler)



“Quien no escribe, ni está enamorado, ni se
psicoanaliza, está muerto” Julia Kristeva.

Difícil compartir, más aún por quienes no se
encuentren comprendidos en estas tres
experiencias vitales. Pero también para el
incluído: Compartir es aceptar que se comparte
el mundo con una mayoría muerta…

Está claro que estos verbos no gozan de gran
popularidad entre nosotros: la mayoría no escribe
ni se psicoanaliza, y el estado de enamoramiento
es algo azaroso, así como difícil de sostener en el
tiempo; más bien relacionado a cuestiones hormonales
y fantasías juveniles.

Nadie decide enamorarse ni estar enamorado -y si lo
hiciera, podría no ser correspondido, con lo que sólo
obtendrá un padecimiento inútil, desazón, angustia y
un sentimiento de fracaso que podría llevarlo al
suicidio.., o al analista.

El psicoanálisis sí implica una decisión personal, pero
hasta ahora no resulta accesible a las mayorías.

Escribir pareciera ser la opción más viable y sencilla:
escribir escribe cualquiera, y es gratis. Pero no todos
compartimos esta inclinación, por no hablar de vocación,
aptitud o aún necesidad. La necesidad no sería condición
necesaria; la necesidad se crea, como el hábito. Una vez
establecido el hábito, escribir se vuelve algo tan natural
como fumar -hay hábitos que ayudan a soportar la vida
y otros que la acortan;  algunos ofrecen ambos servicios-

El primer paso no es fácil; hay que superar la incertidumbre
de toda iniciación: ¿Qué escribir? ¿para qué? ¿para quién?
Pero una vez superado este punto, el camino se despeja y
las palabras se deslizan con fluidez, como organismos vivos,
al ritmo del pensamiento que las dispone, con distinta
precisión y eficacia, según las condiciones subjetivas del
emisor y el desarrollo del hábito. Y ya sin necesidad de
responder preguntas inútiles -nadie sabe para quién escribe,
ni por qué-

En cualquier caso, se sabe que todo el mundo puede escribir,
con distintos resultados. Escribir no es difícil, lo difícil
es no escribir. Escribía Tolstoi.

En conclusión, para todo aquel que suscriba la afirmación
de Kristeva, hay dos opciones seguras: O asumirse como
parte de los muertos -con las ventajas de pertenecer a la
mayoría- o escribir, escribir hasta que la muerte lo separe
del mundo de los vivos, aunque esta presunción no ofrezca
demasiadas seguridades.


 
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