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miércoles, 1 de mayo de 2024

Las puertas del amor

 

(Aquino Lamas)

 

En el puerto de Yokohama

una mujer te ama.


Puede no llamarse Yoko,

ni Yocasta, ni Susana.

Pero esa mujer te ama.


No importan los nombres,

nadie se llama demasiado

y en los puertos los nombres

van y vienen:


Ella no te llama, sólo te ama.

Te amaría aunque no gustes

del sushi, ni comas kani-kama.


Puedes confiar, ella te ama


Tal vez no conozcas el puerto

de Yokohama, o tal vez no

conozcas ningún puerto,


ni el nombre de la mujer que te ama

desde el puerto de Yokohama.


Allí está con su nombre, sola:

amante que no conoces y te espera.

Ella tampoco te conoce, sin embargo

te ama y hace tanto…


Es como un puerto

¿Has conocido alguno como ese?


Es como un puerto abierto

a la esperanza que se mantiene a flote

sólo para recibirte y después amarte.


Ella te ama sin esperar palabra

desde que el puerto es puerto

y los vientos impulsan los velámenes.


¿Conoces el puerto de Yokohama?


Sólo se ama lo que no se conoce.


Semejanzas surtidas

 

(Emeterio Askman)

 

Nada semejante al rictus

del poema discontinuado

a punto de ser abandonado.


No entiende su pérdida de

continuidad ni su condición

irreversible.


¿Por qué no es más lo que

iba a ser? ¿En qué falló?


¿Era ese su destino desde antes

de estar escrito? ¿No se podría

torcer o enderezar con un cambio

de palabras?


¿No son valor de cambio

las palabras?


Levar anclas o anclar levas

¿no es indistinto para el ojo

de la gleba?


Ella sigue su órbita de sangre

y acepta la globalización de

los glóbulos que circulan con

normalidad, con un rictus


semejante al del poema

abandonado, y  circula

con total normalidad 

con absoluta continuidad.


lunes, 29 de abril de 2024

Vanguardias poéticas

 

(Tomás Mercante)

 

No hace falta ser original

para ser poeta.


Lo esencial en poesía

es dejar de decir

lo que ya ha sido dicho,


salvo que se tenga la certeza

de poder hacerlo mejor:


Nada del otro mundo.


Salvo para aquellos poetas 

que dicen no ser de este mundo.


domingo, 28 de abril de 2024

Dioses, semidioses y subsidios

 

(Aparicio Custom)

 

La mercancía divina está por las nubes.

Ahora volvió a subir y se está volviendo

cada vez más inaccesible, con los últimos

aumentos a los aranceles de importación.


No es producto de necesidad y urgencia,

justifican las autoridades:


Para sanear la economía, hay que transparentar

todo lo que entra y lo que sale, procurando que

sea más lo primero.


El Estado no puede vivir emitiendo

para subsidiar cualquier cosa:


Este producto tiene un costo, como toda

mercancía más allá del porcentaje de su

proporción divina, y quienes realmente

lo quieren y lo merecen son gente de bien

que puede pagar cualquier precio.


Fuera de eso, todo el mundo goza de libertad

para generar sus propios recursos.


Las fuerzas del cielo son ajenas a los números

de la economía y están por encima del orden

secular y las cuestiones materiales.


Todos sabemos que los precios 

de las mercancías los fija el mercado,

así en la tierra como en el cielo.


El perro sordo

 

(Onésimo Evans)

 

El perro está solo

en su cucha,

en esa casa abandonada.


Vive solo, en la cucha

que está ahí, dentro de

esa casa abandonada.


No sale mucho de su cucha,

alguien le acerca algunos

restos de comida y así

se mantiene.


Nadie volvió a pronunciar

su nombre nunca, desde que

la casa quedó sola, abandonada

como un perro.


Quedó solo, en esa casa, con

su cucha algo deteriorada por

el tiempo abandonándola.


Parece haberse acostumbrado

a la soledad: Con el tiempo,

uno se acostumbra.


Tiene su cucha, eso le basta

aunque no escucha ninguna voz

llamándolo por su nombre -un

nombre humano, como todos

los que conocemos-


¿Habrá olvidado su nombre

con el tiempo? ¿Habrá perdido

el oído, el olfato, su identidad

canina con nombre propio?


¿No escucha el perro?


Tal vez haya sido un celoso guardián

en otros tiempos. Ahora está solo, en

su cucha en esa casa abandonada

y no tiene a quién avisar ni proteger:


El cartel, cuidado con el perro, casi

ilegible, pareciera ahora una burla.


¿Es vida la de ese perro?

¿O es la verdadera vida de perro?

¿Habrá desarrollado otras capacidades

para adaptarse a sucesivos abandonos?


¿Es la vida una casa abandonada?

¿O la cucha que yace dentro?


¿Es la seguridad de un lugar

de pertenencia, aunque haya

sido abandonado?


El perro no sabe hacer preguntas.

Seguro que ni sabe que es un perro.


Tiene su cucha, es lo que hay,

debe sentir: y es lo más seguro

que puede haber.


Acaso, lo único seguro ante tanto

abandono.


¿El perro escucha?


sábado, 27 de abril de 2024

Paseo nocturno

 

(Nicasio Uranio)

 

Anoche saqué a pasear

a mi mascota: un cachorro 

de uróboro.


Caminamos en la misma

dirección de siempre, en el

sentido de las agujas del reloj,

repitiendo el circuito conocido.


Somos animales de costumbre.


Cuando me quise acordar,

ya era de de día y estábamos

de vuelta.


viernes, 26 de abril de 2024

Técnicas de barrido (lado b)

 

(Horacio Ruminal)

 

Hice un barrido de algoritmos

y con lo que recogí

armé un castillo de arena,

o de adobe…


...mejor barro, pensé:


y me puse a barrer

como si fuera un algoritmo


(el castillo lo necesitaba,

estaba lleno de polvo…)



II

Pero a medida que barría

me iba sintiendo más

un algoritmo ajeno:


Como ése que puede detectar

ésto al barrer, pero confunde

polisemia y homofonia.


Como ése,

que barra lo que barra

al pasar, no borra lo que barre

al pasar por el código de barras,

ajeno al sentido connotado:


Como ése

Como ése


(El castillo no funcionó

como el de Kafka, pero

armé mi propio código

de barro)


Ahora barro como algoritmo

nuevo: Con el polvo, no se

termina nunca.


 
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