(Aquino Lamas)
-Se aprende mucho de la muerte, tanto
de la ajena como de la otra.
-¿Por qué dice la otra a la propia?
-Para hablar con propiedad: un muerto
siempre fue otro para los que fuimos.
-La propiedad nos es ajena, los muertos
no poseemos nada: todo lo que pudiéramos
haber tenido se pierde con el cuerpo.
La diferencia, es que las propiedades se
trasmiten a otros y el cuerpo se descompone.
-O se convierte en cenizas, no es muy distinto.
Son instancias que hay que pasar, etapas que
se queman para poder descansar en paz.
-Bueno, hay que capacitarse y aprender a
descansar: Yo no descanso mucho, mi
naturaleza es más inquieta que estas palabras.
No me acostumbro al reposo absoluto.
-Hay que entregarse y relajarse, ya no necesitamos
nada, ni nadie nos necesita.
-Yo no puedo, me aburro y me voy por ahí. Salgo
más ahora que antes.
-¿Y adónde va, si se puede saber?
-A conversar con alguien.
-Los muertos no tenemos mucho de qué hablar,
ya dijimos lo nuestro…
-Visito sueños ajenos; me gusta entrar ahí, participar
y protagonizar el sueño de algún viviente cercano:
En vida siempre me costó, estaba como en un segundo
plano; era reacio al protagonismo.
-Bueno, todo llega. Se podría decir que es un agradecido
a la muerte…
-No, eso parece excesivo: Para excesos está la vida, que
si no fuera por ella nadie moriría.
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