(Rolando Doorland)
¡Medran, Sancho! Una buena señal
para los mercados.
-Yo dudaría, mi Señor, de estos verbos
que cabalgan a través del tiempo de un
modo indeclinable, sin acusar merma
en su vigencia sospechosa.
-Descuida, Sancho, los verbos siempre
se han movido en algún sentido. Eso es
algo tan natural como para nosotros
cabalgar.
No sé qué piensa mi caballo, pero todas
las palabras tienen su lado bueno. Los
verbos sirven a distintos fines, igual que
nosotros; sólo que ellos no son ni buenos
ni malos.
-¿Le parece justo medrar con ellos? Sin
este verbo nadie medraría…
-La justicia es tema delicado. Si bien es
nuestra misión luchar por ella, aún no
sabemos mucho: Sólo conocemos la
injusticia, y estoy seguro que ella se
mantiene perfectamente con estas mismas
palabras.
-¿Habría que cambiar algunas palabras?
-Los cambios de palabras no sirven de
nada, la injusticia sabe adaptarse y
acaba adoptándolas a todas. Ella seguirá
medrando en estos campos, aún sin el
verbo medrar.
-¿No acabaremos siendo cómplices
involuntarios de alguno que medre sin
escrúpulos con nuestra noble aventura?
-No, Sancho, eso no es posible: Nobles o
plebeyos, siervos o esclavos, todos somos
cómplices.
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