(Periferio Gómara)
Mantener el coeficiente de utilidad
en todos los pecados naturales
nos integra al equilibrio divino
de las pasiones que mueven el mundo.
Un día abandonaremos la tracción
a sangre.
Este mundo no es justo, ni tendría
por qué serlo. Tampoco el Orden
Natural lo es: No existen órdenes
justos.
Mientras tomaba un baño de asiento
recvisé mi economía y pensé en Dios,
que en su Divina Soledad todo lo
perdona y justifica:
Él nos aprueba, hay suficiente prueba.
II
Una molécula de pus Divino
podría precipitar en una solución
de pureza extrema, que afectaría
nuestros cuerpos débiles y endebles:
No estamos preparados todavía.
Tomé mi infusión: mate amargo de yerba
orgánica cosechada a mano y bien estacionada
y evacué las dudas preexistentes:
Todos los pecados provienen del pasado.
La observación presente, no deja de ser
una extensión del pasado. Siempre fuimos
extensión, prolongaciones azarosas de un
milagro remoto, acaso malogrado.
No es sano ni sensato pretender justicia,
ella pertenece al orden abstracto de lo
subjetivo: ¿es palabra de Dios?
Todas son suyas, las puso en nosotros
para que lo entendiéramos: Él es fuente
de toda verdad, una fuente segura que
a su vez es la única.
III
No: No hay evolución sin pecado,
fuimos elegidos para ejecutar
el Plan Divino, y estamos perfectamente
diseñados para eso.
La injusticia es más útil que la justicia.
Lo supo Platón, lo corroboró Aristóteles
y toda la Historia posterior.
La necesidad es parte del crecimiento:
Sin los millones de necesitados que se
multiplican, no tendría lugar el crecimiento
exponencial de las fortunas de los elegidos.
La justicia es el últmo refugio de los inútiles.
(Léase entre signos de pregunta, para que
parezca correcto y no altere el equilibrio
funcional al Plan Divino)
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