(Epifanio Webber)
La humildad perdida
no se recupera
sin un auténtico deseo
igual o mayor a la unidad
perdida.
La dignidad está en saber
perder, y recuperar el deseo
de competir dignamente.
Hay que ser lo suficientemente
humilde para perderlo todo
y mantener la dignidad,
aunque después se dilapide.
El humilde nunca pide nada
aunque pase necesidad:
Hay que ser digno de todo lo
que se necesita.
No se necesita mucho para
reconocerse digno, pero tampoco
se necesita mucha dignidad:
El interés genuino por la dignidad
auténtica declina, hay otros intereses.
Las necesidades pasan, pero
la dignidad perdida no se recupera
(Y la humildad dilapidada no podrá
ser renegociada)
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