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martes, 12 de diciembre de 2023

Los juegos tontos

 

(Abel A.Borda)

 

Hay juego tontos,

como jugar al ahorcado

solo.


A veces, no queda otra cosa

que apelar a ellos para

completar la soledad.


Hay que saber estar solo,

aunque hay quienes prefieren

no saberlo. Hablan con animales

o con plantas, o peor:


Hablan solos.


No es difícil hablar solo, con el

tiempo y la práctica metódica

se vuelve algo natural y uno

se convierte en su interlocutor

perfecto:


¿Quién podría entendernos y

conocernos mejor?


Es casi mejor que estar jugando

solo al ahorcado u otro juego tonto.


Entre los juegos tontos también

están los poemas: es como hablar

solo pero en silencio, como otros

juegos de mesa.


Básicamente, hay que jugar solo;

no hay competencia que estimule

el desarrollo.


No hay un ganador, lo que reduce

el atractivo y las expectativas del

juego y, para peor, ni siquiera hay

un perdedor, lo que lo torna tan

tedioso y anodino como para dudar

que sea un juego.


Sin embargo, ofrece al menos una

de las utilidades del juego, aunque

residual: su práctica regular produce

una mejora en el rendimiento del

practicante, si se ejercita con voluntad

y compromiso.


Y es probable que el producto crezca

en cantidad y en calidad. Aunque el

jugador puede no percibirlo y, si lo

hiciera, tampoco le resultaría útil:

No tiene con quien competir.


A pesar de todo, no son pocos los

que siguen frecuentando este juego:


Es poco probable que produzca adicción.

Tal vez entiendan que es mejor que

jugar al ahorcado solo, y correr el riesgo

de perder.


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