(Teodoro Losper)
Hay valores puros e impuros.
El resto son teorías provisorias
por ahora.
¿Hay valor sin mercancía?
¿O es una metonimia verdadera?
Entre la mercancía y la poesía
están los juicios de valor,
que cambian como cualquier
sujeto de intercambio:
Sin intercambio no hay valor,
a cada cual lo suyo.
Si existiera un valor estable y permanente
como el oro, merecería un poema
del mismo valor, o
equivalente brillo.
Pero es difícil acceder a un juicio justo
para cualquier poema que se precie
(La depreciación de los juicios justos
o aproximados es moneda corriente
entre los valores)
O bien, merecería un poema de alto valor
agregado, capaz de competir de igual a
igual en los mercados más exigentes.
O un poema diseñado para multiplicar
su valor a cada nueva lectura, un poema
invalorable y valetudinario.
Algunos poetas ya lo piensan, lo están
imaginando y lo trabajan en silencio,
algo común en los poetas; tanto como
adelantarse al futuro; puede ser una
buena inversión.
(El poema es una inversión del tiempo,
cambia pasado por futuro: Abreva en
objetos y valores del pasado, tal como
palabras, ideas, sentidos y apuesta al
futuro)
El valor puro es extraño en esencia
a la creación y condición humana.
Sabemos que la pureza no se crea.
Pero creemos en nuestros valores
y nos aferramos al valor
de la experiencia acumulada:
Toda contradicción puede evolucionar
en algo superior y elevar nuestros
valores más allá de lo soñado.
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