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domingo, 3 de diciembre de 2023

El diván poético

 

(Abel A. Borda)

 

-Dr., hay quienes critican la falta de

argumento en mis poemas.


-¿Usted qué cree?


-Creo que los poemas no necesitan argumento,

aunque no lo excluyen: Puede ser un recurso

cuando se carece de otros. Yo no juzgo los

poemas de otros…


-¿Le molesta que lo juzguen?


-No, al contrario, es una buena señal. Nadie

juzga lo que no le interesa. Aún cuando no sea

un juicio justo, es preferible a la indiferencia.


-Pero no es indiferente a los juicios ajenos…


-No se puede ser indiferente, este mundo no es

para los indiferentes. Pero los respeto, ellos

tienen sus argumentos.


-¿Son necesarios para emitir juicio?


-Sí, pero no más que eso. El poema, como la

vida, no necesita argumento.


-Siguiendo ese pensamiento, se podría decir

que la vida es pura improvisación…


-Mayormente, aunque lo de pura me parece

un exceso.


-¿En qué sentido?


-No conozco nada puro. Tal vez la miel, pero

nunca es seguro, salvo que uno fuera su propio

apicultor. La improvisación pura exige un

grado de libertad que no tenemos.


-¿Se siente limitado a la hora de improvisar?


-No es algo personal, es algo propio de nuestra

condición social y a la vez, natural. A toda hora

estamos limitados, improvisamos dentro de ese

marco acotado.


-¿Podemos hablar de una poesía de la resignación?


-Sí, podemos hablar de cualquier cosa, para eso

está la función poética. Hay poemas que reniegan

de la poesía, tal como se la entiende en sentido

genérico, desde un punto de vista formal.


-¿Está improvisando ahora?


-Es algo natural para mi, siempre fui un

improvisado.


-¿Se reconoce?


-No tengo problema en reconocerme.


-Eso es importante para la creación. Algunos

entienden la escritura poética como una forma

de conocimiento.


-Conozco ese argumento; no lo contradigo: Un

poema es un monólogo que aspira a la repetición

y puede servir a uno y a otros como uno.


-¿Parte de un plan concreto para escribir?


-No, puedo partir de un plan abstracto, o ni eso.


-¿Se ciñe a alguna pauta, respeta alguna forma?


-No, lo dejo librado a la improvisación, que es

parte de la vida: El poema es un organismo vivo,

o al menos debe comportarse como si lo fuera.


-¿Debe imitarla?


-Reflejarla.


-¿Parodiarla?


-O parafrasearla.


-Un buen argumento para afirmar que la mayor

aspiración poética es la pura repetición.


-Las repeticiones nunca son puras, y siempre

revelan algo nuevo.


-¿Está improvisando?


-No, este argumento no me pertenece, sólo lo

reproduzco.


-Y podría servir de argumento a un poema…


-Ocasionalmente, pero sería un poema parasitario,

y ya hay más que suficientes. Mis poemas no

necesitan argumento, para eso está la vida,

aunque no suelen ser lo que uno desearía. Hay que apostar a la improvisación, como el poema.


-Eso suena poético, y a la vez triste.


-Todo buen poema es triste, aunque lo encubra con juegos y metáforas absurdas y se arriesgue al humor.


-Es un riesgo?


-Sí, el humor siempre lo es: puede llevar a cualquier parte, por eso suele ser cuestionado como recurso poético. 


- Y usted se arriesga...


-Lo asumo, sin riesgo no hay aventura.

Es triste un poema sin riesgos, no hay aventura en su lectura. Yo no he leído casi nada, soy un improvisado, pero sé que la carne es triste, como el poema.



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