(Senecio Loserman)
El rastreador de instintos perdidos
solidarizaba con ciertos materiales
vestigiales, que leía como residuos
de altruísmo.
Una buena parte de lo que era
la naturaleza humana, fue superada por
las necesidades del turismo, que genera
más oportunidades que otras industrias
y humanismos, cuyas competencias se
reducen respondiendo positivamente a
la obsolescencia programada.
Hay instintos que nos fueron útiles
alguna vez, pero quedaron desfasados:
Nadie los necesita.
Con la tecnología de hoy, se puede
determinar la identidad de un diente y
su corona fuera de servicio, confrontando
el ADN con todos los cadáveres
disponibles gracias a la cadena de frío,
o en espera.
Hasta algo tan inútil como un tercer molar
o muela de juicio, puede ser identificado
y restablecer su propiedad:
La conquista de la propiedad es un signo
evolutivo y no deja de producir sentidos.
El sentido de propiedad evolucionó
en sentimiento, y ya es casi un instinto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario