(Rolando Doorland)
Esa muerte perfecta
en desarrollo,
en cada voz,
en cada cuerpo arracimado
o solo.
No nos abandona
ni se altera por movimientos
mal emitidos, imprevistos
o sonidos sin sentido
propios de los cuerpos
desafinados.
El fin no contempla los medios.
Entre todos rendimos un promedio,
cada uno en lo suyo, en su nicho.
El movimiento vivo de la muerte
se encadena a cada instante, cada
cuerpo es un recurso en desarrollo
para llegar a destino:
Un destino común, siempre renovable:
Renovamos los deseos y confiamos
en los recursos de la fe, que siempre
hizo milagros.
No hay contradicción que ella
no resuelva cuando pasa
y siempre pasa; está pasando ahora
en cada cuerpo, cada voz y cada
aspiración emtida bajo la bóveda
celeste.
Pasa en el poema que se ultima
después de haber cobrado cuerpo
con o sin necesidad.
(Y pasa hasta en los poemas sin
cuerpo, que permanecen esbozados
y pensados sin llegar a escribirse)
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