(Eleuterio York)
La plasticidad de la conciencia
hace fluir el pensamiento
de un acorde a otro, tejiendo la
armonía:
Ese movimiento armado
que nos integra al mundo sensible
a través del orden simbólico.
La conciencia puede ampliarse, y
acaso reducirse; es plástica, lábil
y versátil.
No es aconsejable una ampliación
desmesurada: Ningún consultorio
analítico serio podrá hacer mucho
para reparar el exceso.
Pero la presencia del plástico en la
vida cotidiana se ha expandido y
ampliado lo suficiente, como para
que todo fluya en armonía, como
nuestra conciencia en desarrollo.
Sabemos que todo material manipulable
por el hombre o su equivalente puede ser
convertido en metáfora, con ayuda del tiempo
que siempre nos acompañó.
La chica plástica de aquella canción
de hace unas décadas, junto al muchacho
plástico, siguen fluyendo entre los acordes
de la memoria conectiva y sus metáforas.
La armonía, ese movimiento armado
con cara de yo no fui, no pierde relevancia
y sigue su curso con fluidez, adaptándose
a la pérdida de conciencia.
Mientras el pensamiento, propio
o apropiado, pasa de un acorde a otro
hasta arribar al olvido definitivo
con mayor o menor plasticidad.
Tal vez sea momento de pensar en
plastificar el piso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario