(Florencio Cusenier)
Había sabido ser capaz
de sincerarse en vano
con aquellos escrúpulos
hoy anacrónicos.
Ahora enarbolaba esa flor
muerta como si fuera una
bandera.
Pero una bandera desflorada
de las que flamean y vuelven
a flamear sin ningún motivo
cual hoja al viento:
Como esos verbos que se agregan
a otros sin agregar nada, y sólo
logran entorpecer la sinceridad
de la flor caída en servicio:
Muerte dudosa, como tantas,
sólo para que ese viejo apichonado
la enarbole como si fuera una
bandera, dudosa como todas.
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