(Germán Singerman)
Salgo poco,
antes no salía tan poco;
ahora salgo poco y nada.
Todavia salgo, poco es
más que nada que es como
cero, ese número redondo:
De los números redondos
y de las formas perfectas
no hay salida.
Yo nacía un día no redondo,
y ya sentía un rechazo hacia
los números redondos, aún
sin conocerlos.
Ahora salgo poco y nada:
A veces salgo y me pierdo
¿para qué salí?
Me pregunto sabiendo que es
tiempo perdido y es tarde
para arrepentirse.
Cuando joven, solía salir
tanto de día como de noche,
era indistinto. Ahora evito
la noche:
Tengo diferencias que no
conocía y aprovecho el día para
escribir palabras trasnochadas
antes que me agarre la noche.
Los jóvenes siempre tienen
motivos para salir, tanto de día
como de noche.
No se cansan, y pueden salir
varias veces en el día, con o
sin motivo. O bien, salen de
noche para justificar el día.
Los viejos no solemos salir
de noche, salvo que sea a un
velorio inevitable, y no creemos
demasiado en la justicia:
Tenemos diferencias, y se van
profundizando.
Yo salgo cada vez menos,
poco y nada: Conozco una buena
parte de lo que hay ahí afuera, y
no lo necesito.
No necesito mucho, cuando salgo
es por necesidad; no salgo por salir:
Compro cigarrillos para varios días:
No me gustaría que me agarre la
noche sin tener qué fumar.
Salgo poco, poco y nada. Tal vez
nunca tuve a quién salir.
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