(Vicente Oiran)
Algunos piden favores al cielo.
Otros piden protección, piedad,
complicidad, etcétera.
Al cielo se le puede pedir casi
todo, antes o después de la guerra.
Para eso está, creemos.
Le pedimos nos conceda fortuna
en el amor, en los negocios, y
en la lucha cotidiana por la vida,
antes o después de la guerra.
Se supone que el cielo es un lugar
de paz, dispuesto a cobijar una
cantidad de almas después de las
guerras.
Un filósofo no muy reconocido,
creyente él, sostiene que el cielo
está colmado de células cmo las
nuestras, que acá en la tierra
nunca ganaron nada.
No se puede afirmar que gocen
del descanso eterno: Nuestras almas
y células no están hechas para gozar
del reposo:
Nos atrae la incertidumbre del amor,
los vaivenes de los negocios,
y las oportunidades que aparecen
antes o después de la guerra.
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