(Sandalio Murchison)
El ganado lucía desganado,
desdeñaba su pastura, como
falto de deseo y estímulos.
No sólo no ganaba peso neto,
ni mantenía el bruto, sino que
no hacía más que enflaquecer.
Son tiempos de vacas flacas,
reflexionó un ayudante de campo
junto a un subordinado que le
cebaba mate.
El campo se viene a pique, ya
casi no hay campesinado:
Nosotros no podemos hacer nada.
La gente ha abandonado el campo
popular, para hacinarse en los bordes
del conurbano, resignada a aceptar
la miseria prometida.
El ganado pace desganado,
no sabe que su amo está internado
en una clínica oftalmológica, a la
espera de recuperar la visión.
Sólo el ojo del amo engorda
el ganado, todos dependemos de él.
El ganado no lo sabe, ni sabe
lo que le espera.
Creo que si lo supiera, tampoco
engordaría, dijo el hombre que cebaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario