(Tomás Lovano)
Caen las palabras
que descarta el canto.
Déjalas caer,
deja que caiga
lo que tenga que caer.
Que se deslicen como hélices
sin óbice las voces de los giros
malversados.
No dejes de cantar,
asume la caída natural
cual el canto rodado que alimenta
la ilusión de pureza en todos
nuestros cantos subalternos.
No caigas en la reproducción
de un canto equivocado.
Descarta aquello que no cae
sin volverte cómplice de piedras
que se reproducen.
Arma tu canto con residuos naturales
y palabras no cantables: son incontables
y están siempre disponibles.
Deja que se delcen
como hélices felices
lejos de sus ejes.
Celebra la caída de la hoja
sin nostalgias impostadas ni alboroto.
Imposta con naturalidad lo que te queda
de voz, ese residuo, y deja que caiga
lo que tenga que caer en saco roto.
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