(Franquicia Hamelin)
Los árboles mueren de noche,
cuando no hay contratiempos
que surjan.
No les gusta que los vean morir,
el espectáculo de la muerte
no es agradable para nadie,
aunque se trate del enemigo.
Algunos árboles permanecen
en pie aún después de muertos,
pero los cuerpos combustibles
tienen una vida útil acotada.
Todos conocemos límites, aún
cuando no los conozcamos a
todos.
No codicies los límites del prójimo,
aunque sean mejores que los tuyos:
Cada uno tiene lo que merece,
después está la voluntad y el trabajo
personal, que depende de nosotros.
No tenemos otro trabajo
que el que merecemos.
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