(Vicente Oiran)
Sílabas que rozan
la vellosidad del labio,
no la violan del todo
a la velocidad del goce
prometido, cuando airosas
cruzan valles y fricciones,
espaciándose en el tiempo
fricativo como veloces lazos
de luces que cintilan.
El albedrío de una sílaba
discontinuada y soberana
es proporcional al albedo
de la masa emitida
por acción u omisión.
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