(Florencio Cusenier)
Después de la tercera edad
suelen presentarse ciertos cambios
en la percepción del mundo exterior.
Algunos pueden pasar desapercibidos
o bien, ser aceptados como condición
natural e inevitable.
El deterioro de los órganos de
los sentidos es, tal vez, el más visible,
pero no el único.
También se pierde la motricidad
fina, la capacidad cognitiva
y el deseo de conocer mucho más.
Ante ese panorama, sólo queda
adaptarse a los cambios no deseados
y adoptar algunas estrategias
para tramitarlos y superar esa etapa
sin mayores contratiempos.
Yo, por ejemplo, ayer no sabía
si era jueves, o viernes. Podría haber
buscado información, o preguntarle
a alguien.
Pero no tenía voluntad
para averiguarlo, ni deseaba
mostrar otra debilidad.
No me desesperé, y lo resolví
de un modo racional, con los
recursos propios:
Las opciones sóo eran dos:
Jueves o viernes. Luego, pensé,
mañana no puede ser jueves.
Sólo era cuestión de esperar.
Y aquí estamos: El día dudoso
ya pasó y amaneció despejado:
Hoy es viernes, y mi cuerpo
lo sabe.
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