(Amílcar Ámbanos)
Hay dioses y dioses,
unos más amorosos,
otros más rigurosos
y algunos odiosos.
No conocemos a todos,
son un número abultado.
Cada cultura tiene sus propios
dioses, y entre ellos cada cual
tiene sus preferencias.
Las culturas son diversas, como
los dioses:
No hay cultura sin sus dioses,
ni dioses sin cultura. Por eso,
algunos aventuran que todos
los dioses conocidos son producto
de la cultura, algo que ningún
creyente termina de aceptar:
Podría ser lo inverso, argumentan.
En el transcurso de la historia
la evolución redujo la cantidad
de dioses vigentes. La selección
sobrenatural dispuso que sólo
sobrvivieran los más aptos.
En el mismo sentido, algunas culturas
desaparecieron, o lo están haciendo:
Los dioses también tienen sus preferencias,
como es natural.
Hay dioses y dioses,
unos más amorosos y otros más odiosos.
Algunos más poderosos, aunque cada vez
son menos.
Las diosas, en cambio,
son incomparables en el arte de deshacer
hechizos y brujerías. En un sentido y otro
las diosas son incomparables, a diferencia
de los dioses.
Las comparaciones suelen ser odiosas.
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