(Germán Singerman)
Estaba en condiciones de ganar
la calle, pero acallada la gana
encallé en el vano de la puerta
entornada, antes entreabierta,
ahora entrecerrada.
Había sabido ser un ganador,
pero ahora vacilaba: la calle
está llena de peligros, no quise
aventurarme. Además, no tenía
nada que ganar.
Había sabido ser un ganador,
pero ahora vacilaba: el peso
de los años afecta, tanto al cuerpo
como al alma ganadora.
Parecía haber perdido hasta
las ganas de ganar ¿Qué otra
desazón encontraría en la calle?
Mejor ir a lo seguro, me dije
y lo agendé sin vacilar.
Cerré la puerta definitivamente
asegurándola con la cerradura
de seguridad.
La seguridad no tiene precio:
Ya está, yo ya gané.
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