(Onésimo Evans)
En las ochavas de la noche
un fondo común,
ojos como tripas trabajadas por
el tiempo: el tiempo aspira
hacia la noche.
El triple fondo de la noche
desfondada, amansa a los durmientes
irredentos, al soñador insomne y a
la musa que languidece al fondo
de la noche.
Amaina en vano, reconcentra
los últimos latidos que pernoctan
como fondo del paisaje penumbroso.
Avanza a mansalva, hacia otro fondo.
Escampa en otra parte de la noche
la juventud perdida se disuelve en
réplicas: reflejos de otras noches
que buscan su fondo.
La noche no suele rendir cuentas
a sus súbditos.
Trepamos hacia el fondo de la noche
terciando entre restos de vigilias y
certezas consumidas en vano:
recogemos cenizas.
El vano de la noche no trepida,
es más profundo que el deseo
disecado en la corteza del crepúsculo
simétrico.
Tres veces hilvanado, su perímetro
difuso e inconsútil ofrece su oquedad
en avanzado estado, más nunca precipita:
Amansa albas a mansalva
tan inciertas como tripas trepanadas por
el tiempo, que nunca desatiende su
trabajo. Sumando noches, desguazando
sueños desfondados en lo anónimo
de uno.
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