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sábado, 14 de mayo de 2022

El poema banal

 

(Tomás Lovano)

 

El poema banal

parece tener los días contados.

Algo que no lo afecta a futuro:


Un poema tiene los lectores que merece,

y más allá de la validez, la sensatez o

la banalidad de este enunciado, el emisor

banal -con o sin voluntad de ser tal-

tiene derecho a gozar de alguna recepción

exitosa (el éxito es tal vez, la más alta

expresión de lo banal)


Siempre encontrará lectores que se identifiquen

y regodeen con el goce de su propia banalidad:

No es vano recordar, que el goce de signo banal

es el más común entre la opinión pública

(evitamos el adjetivo popular para despejar

cualquier sospecha de populismo, algo por demás

banal)


II

Lo banal, no es algo descalificable en sí, ni

siquiera en el ámbito poético: Muchos poemas

surgen de hechos banales, o de una observación

particular de algo banal, como el vuelo de una

mosca. Luego, el poema levanta su propio vuelo,

o no, pero ese es otro poema.


La banalidad en un poema, puede agradecerse

como un gesto de sinceridad del autor: todos

tenemos un costado banal, o más.


Pero habría que diferenciar la banalidad sincera

y verdadera, de la otra: la impostada; un recurso

de baja estofa para atraer lectores incautos, de

quienes se sospecha esa propensión.


Es cierto, que ningún autor que se precie

aspira al poema banal, y si lo cometiera

se cuidaría de no compartirlo… Pero a partir

de la muerte del autor, decretada por Barthes

hace un tiempo, las condiciones de producción

poética han cambiado, y los límites no son los

mismos:


Casi todo el mundo, puede hoy acceder

a casi todo, a veces sin un costo adicional,

y gozar su banalidad a pleno, en distintos

formatos y presentaciones.


El poema no es una excepción,

y el poema banal no tendría por qué serlo,

ni necesitar más justificación que otros:


Hay quienes pueden decir mucho, con muy

poco, y quien necesita explayarse mucho

para no decir nada. Son opciones disponibles.


III

Sobre el hecho banal que deviene en poema,

hay algo más: Del mismo modo, podría el

autor tomar un tema profundo, de interés

substancial y hasta superior a éste, y propinarle

un tratamiento banal. ¿estaría mal?


El poeta es un ser carnal, compuesto de células

banales y triviales, y goza del mismo derecho

que cualquiera a ejercer su banalidad, dentro y

fuera del poema según la forma que su voluntad

elija.


Tampoco es un filósofo, aunque pueda compartir

preguntas más o menos filosóficas:

¿Cuál es el límite? ¿Dónde empieza, cuando

termina la banalidad?


(Conocer el grado cero de lo banal, habilitaría

a escribir otro poema)


También, puede ser un buen desafío:

Proponerse un poema banal, que no sea

uno más.


Y entonces la pregunta:

¿Hasta dónde puede ser correcto ser banal

como poema?


Dependerá de las aspiraciones del emisor

(Sabemos que la mayor parte

de las aspiraciones humanas son banales

e inútiles, como sus goces:


Gocemos libremente de la propia banalidad,

acaso sea el más inclusivo de los atributos

de la especie, y el único que podemos

compartir en profundidad)




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