(Tomás Lovano)
El poema banal
parece tener los días contados.
Algo que no lo afecta a futuro:
Un poema tiene los lectores que merece,
y más allá de la validez, la sensatez o
la banalidad de este enunciado, el emisor
banal -con o sin voluntad de ser tal-
tiene derecho a gozar de alguna recepción
exitosa (el éxito es tal vez, la más alta
expresión de lo banal)
Siempre encontrará lectores que se identifiquen
y regodeen con el goce de su propia banalidad:
No es vano recordar, que el goce de signo banal
es el más común entre la opinión pública
(evitamos el adjetivo popular para despejar
cualquier sospecha de populismo, algo por demás
banal)
II
Lo banal, no es algo descalificable en sí, ni
siquiera en el ámbito poético: Muchos poemas
surgen de hechos banales, o de una observación
particular de algo banal, como el vuelo de una
mosca. Luego, el poema levanta su propio vuelo,
o no, pero ese es otro poema.
La banalidad en un poema, puede agradecerse
como un gesto de sinceridad del autor: todos
tenemos un costado banal, o más.
Pero habría que diferenciar la banalidad sincera
y verdadera, de la otra: la impostada; un recurso
de baja estofa para atraer lectores incautos, de
quienes se sospecha esa propensión.
Es cierto, que ningún autor que se precie
aspira al poema banal, y si lo cometiera
se cuidaría de no compartirlo… Pero a partir
de la muerte del autor, decretada por Barthes
hace un tiempo, las condiciones de producción
poética han cambiado, y los límites no son los
mismos:
Casi todo el mundo, puede hoy acceder
a casi todo, a veces sin un costo adicional,
y gozar su banalidad a pleno, en distintos
formatos y presentaciones.
El poema no es una excepción,
y el poema banal no tendría por qué serlo,
ni necesitar más justificación que otros:
Hay quienes pueden decir mucho, con muy
poco, y quien necesita explayarse mucho
para no decir nada. Son opciones disponibles.
III
Sobre el hecho banal que deviene en poema,
hay algo más: Del mismo modo, podría el
autor tomar un tema profundo, de interés
substancial y hasta superior a éste, y propinarle
un tratamiento banal. ¿estaría mal?
El poeta es un ser carnal, compuesto de células
banales y triviales, y goza del mismo derecho
que cualquiera a ejercer su banalidad, dentro y
fuera del poema según la forma que su voluntad
elija.
Tampoco es un filósofo, aunque pueda compartir
preguntas más o menos filosóficas:
¿Cuál es el límite? ¿Dónde empieza, cuando
termina la banalidad?
(Conocer el grado cero de lo banal, habilitaría
a escribir otro poema)
También, puede ser un buen desafío:
Proponerse un poema banal, que no sea
uno más.
Y entonces la pregunta:
¿Hasta dónde puede ser correcto ser banal
como poema?
Dependerá de las aspiraciones del emisor
(Sabemos que la mayor parte
de las aspiraciones humanas son banales
e inútiles, como sus goces:
Gocemos libremente de la propia banalidad,
acaso sea el más inclusivo de los atributos
de la especie, y el único que podemos
compartir en profundidad)
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