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miércoles, 4 de mayo de 2022

Ejercicio con cuerpos

 

(Epifanio Webber)

 

No todos los cuerpos son visibles,

mirá: éste es apenas previsible.

Pero hay versiones encontradas

sobre los cuerpos, los hay fútiles, de

sutiles tejidos inconsútiles, corpúsculos

insignificantes que pululan,

incorporaciones que fracasan, cuerpos

que rechazan todo tipo de clasificación

y hasta semicuerpos que no asumen una

forma precisa y aceptable por cuerpos

ni cuerpas ni entes calificadores.


Hay cuerpos que pasan de un estado a otro

sin alterarse. La naturaleza de los cuerpos

es diversiforme: Algunos aspiran a ser otros,

mientras otros sólo aspiran a integrarse y

ser parte de un volumen superior, que los

contenga: otro cuerpo (que puede crecer,

mutar, descomponerse en condiciones normales)


Un cuerpo subalterno, ante la presencia de otros

cuerpos, sólo ve amos.


Veamos: Todos los cuerpos obedecen leyes

físicas, mandatos biológicos y cláusulas específicas

según su procedencia y orden de pertenencia.


Las aspiraciones de un cuerpo cualesquiera dado,

están acotadas por su composición, su origen

y las condiciones que hicieron posible

su materialización: Todo cuerpo es materia y

forma (la materia puede adoptar formas tan

copiosas como anómalas)


No se conoce la cantidad de cuerpos existentes,

pero sabemos que son incontables, aunque no

infinitos.


Entre tantos cuerpos, hay categorías cuyo número

aumenta y otras que se reducen, en ambos casos

sin ningún criterio. Pero gracias al conocimiento

acumulado, gozamos de la tranquilidad de saber

que la cantidad de materia es estable (Los cuerpos

más desarrollados, producimos y acumulamos

conocimiento, tanto útil como inútil)


La mayor parte de los cuerpos conocidos, no

produce nada constatable; no incorpora ni emite

aspiraciones. Algunos, sólo incorporan y emiten,

la mayoría ni eso: son ajenos a las propiedades y

ventajas del metabolismo. Cuerpos inertes, sin

movilidad propia, pueden permanecer durante

siglos en el mismo sitio, sus movimientos azarosos

dependen de condiciones exteriores y no son

nunca voluntarios.



II La voluntad propia


La voluntad es algo bastante excepcional entre

los cuerpos: Una propiedad mayormente ajena

pero que algunos desarrollan de un modo no menos

significativo. Los cuerpos más desarrollados, a

partir de su metabolismo superior, han dedicado

bastante tiempo al estudio de este fenómeno,

al parecer, capital para la evolución.

Su investigación, aún en curso, ha determinado

que es tan necesaria como el conocimiento, y

acaso más útil:


La producción de conocimiento, abre posibilidades

y genera condiciones para sostener el sesgo evolutivo

a un ritmo viable y transitable.


Pero el conocimiento de la voluntad, los mecanismos

que la mueven, permite a sus conocedores poseedores,

no solo acceder y desarrollar esta propiedad para sí

mismos, sino controlar en forma segura y creciente

la voluntad ajena, casi sin encontrar límites.


Es ocioso colegir la utilidad de este recurso, que abre

las puertas a otra realidad: Un estado humano avanzado,

que responde a un diseño inteligente, donde no habría

lugar para conflictos, crisis ni tensiones de signo negativo.


Todo funcionaría en perfecta armonía, liberando las fuerzas

productivas y generando las condiciones para un crecimiento

sin término (el propio diseño podría ser reformulado y

reconvertido según las necesidades coyunturales de las nuevas

realidades a devenir, contando con el consenso necesario, o

más)


La evolución no puede detenerse.

La voluntad propia es algo que merece ser trabajado,

aunque sin voluntad de superación es difícil generar

oportunidades.


No hace falta demasiada lucidez ni inteligencia

para entender la importancia de la voluntad:

El desarrollo alcanzado, que hoy gozamos, sólo

pudo ser posible a partir de la división del trabajo.

Es sabido que nadie haría ciertos trabajos por

voluntad propia.



III

Las aspiraciones de un cuerpo cualesquiera dado,

están acotadas por su composición, origen, y las

condiciones que hicieron posible su materialización.


Todo cuerpo es materia: la materia puede adoptar

formas tan copiosas cono anómalas.


No se conoce la cantidad de cuerpos en existencia,

pero sabemos que son incontables.

Entre tantos cuerpos, hay categorías cuyo número

aumenta mientras que otras se reducen, pero la

cantidad de materia es estable (sabemos, gracias

al conocimiento acumulado: los cuerpos más

desarrollados producimos y acumulamos, entre

otras cosas, conocimiento, tanto útil como inútil)


La belleza es un concepto ambiguo, cada cuerpo

la percibe y tramita de un podo particular, y

distintivo. Tampoco es un bien acumulable: Un

cuerpo que aspire a ser cada vez más bello, está

condenado al fracaso; una vez alcanzado cierto

punto, sólo se puede declinar)


Estas dos condiciones, explican la inutilidad de

la belleza. Sin embargo, entre los cuerpos que se

reconocen conscientes (y hasta provistos de una

conciencia superior) es reconocida como un valor.


¿Puede haber valor sin utilidad?


No es oro todo lo que reluce: la utilidad, puede

aparecer oculta. No necesita exhibir su desnudez

y sabe tramitarse en forma indirecta:


La belleza no es útil en sí misma, pero los cuerpos

portadores de sus signos, saben que gozan de

ventajas comparativas en la lucha por la conquista

de otros cuerpos  (que para eso están)


En el mercado de cuerpos, la belleza posée un valor

no mucho más efímero que otros.



IV

¿Los otros animales?

Sabemos que sueñan a semejanza, y hasta es posible

que alguno nos incluya en sus sueños, aunque no

conocemos el contenido de ese material onírico.


Es posible que tengan sus aspiraciones, algo que nos

resulta indiferente: tenemos suficiente con las nuestras,

que descartamos, han de ser más elevadas o interesantes.


En cuanto al arte, es ocioso enunciarlo,

les es completamente ajeno. No han desarrollado

la sensibilidad necesaria para conmoverse o disfrutar

del arte.


La producción artística es fruto de la elaboración, un

trabajo específico con distintos materiales más y menos

sutiles. Los animales son reacios al trabajo, sólo los

mueven necesidades primarias y funciones básicas:

metabolismo, reproducción y alguna actividad lúdica.

Son criaturas ociosas, cuerpos que transcurren sin mayor

emoción, absorbidos en y por su condición material.


¿Qué puede aspirar un mamífero de aquellos, más allá

de obtener alimento, aparearse cada tanto, jugar con los

suyos y echarse al sol a disfrutar su animalidad?


Los animales no nos hacen más humanos, por el

contrario: lo que determina nuestra condición, es

precisamente aquello que nos diferencia.


En el estadío evolutivo que cursamos al presente, las

aspiraciones cumplen una función cada vez más

relevante, se diría que imprescindible:


El orden que habitamos, el mundo que hemos sabido

conseguir, deja aún mucho que desear para vivir en

armonía con otros cuerpos, sean mamíferos, octópodos,

heptópodos, gasterópodos o prójimos. Pero podemos

aspirar…


(Las aspiraciones no resuelven las necesidades, las

crisis, los conflictos ni las deudas heredadas del pasado

-toda deuda proviene del pasado-

ni el déficit epistemológico, o el aumento del costo de

la vida. Pero son oportunidades: Mientras emitimos

nuestras propias aspiraciones en pleno ejercicio de la

libertad, aquellas realidades pasan a segundo plano.


Podemos aspirar a que todo se resuelva de la mejor

manera, o no, pero al aspirar, nuestros deseos -aún

los más dudosos- se encauzan y proyectan hacia el

futuro de un modo sustentable)


Aspirar significa estar vivos.

Toda aspiración, hasta la más modesta, es un signo

vital, con el valor agregado que representa el

ejercicio de la libertad:


No hay nada a lo que no podamos aspirar,

y aún cuando nadie comparta esta aspiración

se puede aspirar, también, a la perfección.


Basta un cuerpo como el tuyo

o como éste: visible, previsible,

e invisibilizable.


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