(Abel A. Borda)
No midas tus palabras, mide más
bien la orina del conejo
(Alvaro Mutis)
Medí mi decoro con fruición,
sin conceder un ápice
ni condonar un mínimo de súplica
estratégica.
No soy de hacer concesiones
a la hora de medirme (Un ejercicio
de conciencia para mantener el buen
estado neurológico y volver a sentirse
único, aunque el recurso sea apócrifo)
No ando con medias tintas.
No midas tus escrúpulos autóctonos
con la vara de un supuesto prójimo,
hay tantas verdades como veredas
pares.
No dispares tu pregunta anodina
y anecdótica.
Desconfía de tu donante ocasional
y de las cláusulas intrínsecas
en los términos previstos.
No te vuelvas aceptable, ni en tu fuero
íntimo.
A la hora de abonar
elige el estiércol del polífago
más próximo, o de algún roedor
merodeador de tu unidad funcional,
nativo o por opción.
No cedas al rumor acérrimo
y sincero, de cuerpos que prometen
lo que no tienen, o más que eso.
Mide tus impulsos desconocidos
con la meticulosis del experto
que sabe lo que hace y avanza
con cautela, apunta a lo seguro:
En algún punto, todos somos uno:
una unidad completamente ajena.
No cuentes tus excesos, procura
ser minucioso con mesura en la
emisión de tus miserias naturales.
No cuentes tus excesos ni midas
mis palabras. Mide más bien,
la orina del conejo
o el vuelo del vencejo.
(*) No di mi decoro, cedí mi don.
(Uno de los karcinogramas de Juan Filloy)
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