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martes, 24 de mayo de 2022

La malasangre: cómo gestionarla

 

(Senecio Loserman)

 

Una pena insana

puede alterar la oxidación

normal en sangre.


No te ahogues en un vaso,

hay recursos a probar:


ahogar la pena en una solución

de grasas saturadas al azahar

en lágrima y alcohol bendito,

medir tu vanidad, rehogar la pena

en sangre, suturar los estropicios

con denuedo y enajenar los efluvios

emergentes sin hacerse malasangre.


Todo pasa, la sangre vuelve a circular

en un vaivén tan absurdo como esa

pena insana y no soluble.


La mala sangre también circula, pero

conspira contra una oxidación sana.


No midas tus excesos, hay mejores

medidas que tomar: una circulación

penosa puede revertir o mejorar

con una buena medida de ajenjo

o absinia.


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