(Senecio Loserman)
Una pena insana
puede alterar la oxidación
normal en sangre.
No te ahogues en un vaso,
hay recursos a probar:
ahogar la pena en una solución
de grasas saturadas al azahar
en lágrima y alcohol bendito,
medir tu vanidad, rehogar la pena
en sangre, suturar los estropicios
con denuedo y enajenar los efluvios
emergentes sin hacerse malasangre.
Todo pasa, la sangre vuelve a circular
en un vaivén tan absurdo como esa
pena insana y no soluble.
La mala sangre también circula, pero
conspira contra una oxidación sana.
No midas tus excesos, hay mejores
medidas que tomar: una circulación
penosa puede revertir o mejorar
con una buena medida de ajenjo
o absinia.
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