(Estanislao Del Signo)
El adjetivo vivo
no vive mucho más que otros.
Todos tienen una duración
limitada en su función,
incluso el adjetivo posesivo.
Las funciones limitan
todo lo que comprometen.
La voluntad no cuenta:
buena o mala, no dura
mucho más que un adjetivo.
Algunos tienen vidas paralelas,
como verbo o sustantivo:
Para un adjetivo como éste,
es tan fácil parasitar a un sustantivo
como vivir de un verbo.
La trayectoria dilatada del esfínter
es un activo que atrae todo tipo
de inversiones, garantizando el futuro
de los movimientos peristálticos.
Hay parásitos que sobreviven a todo,
hasta a los adjetivos mejor plantados:
Son tan necesarios unos como otros;
todo el mundo sensible, como el orden
simbólico dependen de la función
parasitaria.
El adjetivo sabe adaptarse
a distintas necesidades para sobrevivir.
Sólo manteniéndose funcional
puede competir con otros, de nuevo
diseño.
Luego, las funciones se repiten
como un adverbio de tiempo,
para que todo siga circulando
y el movimiento reproduzca.
La vida útil de un adjetivo natural
no afecta al mundo de las inversiones:
Seguimos invirtiendo al presente:
Somos objetos y sujetos de diversas
inversiones, propias y ajenas.
Sólo los vivos invertimos:
Gozamos de esta función, en distinta
proporción, aunque es un goce temporal,
como todos nuestros adjetivos.
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