(Serafín Cuesta)
No pasó, me pareció
que había pasado
y me incorporé,
fui a ver pero no estaba,
fue un error de percepción.
A veces pasa, mi gato pasa
en silencio, a un costado de
mi mesa, y espera a que le abra
para entrar.
Es mediodía, yo sé que a esta
hora, él da por terminada la mañana
y vuelve: Es su rutina, como la mía
escribir al mediodía.
Sus hábitos son más naturales
que los míos, pero confluyen
en armonía. Él conoce todos
mis movimientos, y yo los suyos.
Uno está de paso por el poema,
aunque éste no pase de un esbozo
o una aspiración:
Iba a escribir, cuando me incorporé,
creyendo ver el movimiento sigiloso
de mi gato. Fue un error, tal vez un
deseo inconsciente de completar esa
rutina.
Las rutinas son algo necesario para
pasar el tiempo incorporándole un
sentido transitorio.
El poema puede no pasar,
no es necesario que pase.
Eso no va a alterar el curso
de la rutina.
Ahora pasó: Esta vez sí es mi gato
sin error el que pasó, acaso respondiendo
a mi deseo. Nos miramos, le abrí,
y ya está adentro.
Todo está en orden, el poema
puede esperar.
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