(Emeterio Askman)
El poema, debe tener su propia
ideología: ajena a todas las
históricas y a la de su autor.
Todos la tienen, aunque lo disimulen.
Saber disimular es también un arte,
ya que el mismo lenguaje del que se
sirven, la contiene.
Cuando el poema se desentiende
de esa carga, y parece no tener ninguna
ideología, es cuando hay que sospechar
más:
La intención oculta en ese arte trabajoso,
devela que hay algo que merece ocultarse,
o ser ocultado.
Pocas cosas hemos desarrollado tanto
los humanos, como la capacidad de ocultar,
engañar y la ideología.
Tal vez, la convivencia exitosa que gozamos
no sería posible sin esta realidad.
Sí, la realidad es pura ideología: el poema
debería abstenerse de palabras como ésta.
O bien, frecuentarla con un sentido crítico,
ideológico, desde su propia ideología.
Para eso, el poema debe disponer su propia
ideología, bien diferenciada y expuesta sin
medias tintas, tan reconocible como inalienable.
Una que sepa permanecer ajena
y sólo tribute al ritmo, a la política
rítmica que desciende del ritmo soberano.
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