(Isnaldo Montalbán)
Una ola ociosa, intensa,
se quebró y rompió a llorar
con éxito junto al acantilado.
Quise darle consuelo
y me senté a su lado:
Estoy de tu lado, ola,
no te sientas sola.
Le dije y le canté una coplas
de espuma hidrosoluble.
Como no rompía el quiebre
y seguía sumida en el llanto
salobre que la consumía
le recité unos versos undívagos
de largo aliento y eficacia
comprobada.
No compró, fue en vano
y ya desalentado me fui en busca
de alguna nueva ola
para encrestarme y dejarme llevar.
Pero antes, le dejé un consejo:
Ola, no estés sola ni ociosa,
el ocio es mal compañero.
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