(Antístenes Oquendo)
Las infecciones naturales
cumplen una función
dentro del desarrollo evolutivo.
Lo mismo que la lucha por la vida,
la actividad artística o la batalla
de los sexos.
Si la materia se animó
y supo organizarse para producir
vida, tendría sus motivos.
Desde las formas más elementales
hasta los organismos más altamente
organizados, portadores de conciencia,
todos formamos parte de una cadena,
cuyo común denominador
es la dependencia.
Sin enemigos, ya sean predadores
o competencia, nos cuesta concebir
cualquier forma de vida que no esté
definida por el aburrimiento.
El enemigo, falso o verdadero, real
o imaginario, no sólo es necesario
como estímulo para organizarnos
en el diseño de estrategias de ataque
y defensa, sino que nos constituye
en individuos y sociedades cada vez
más competitivos y productivos,
proveyéndonos de sentido útil:
Tenemos una misión, por encima de todo:
La lucha, en un sentido genérico: Sabemos
que sin lucha no se consigue nada.
El presente es de lucha, después se verá.
Habrá ganadores y perdedores, como siempre
pero no se puede ser neutral.
Los sexos son dos, como viene siendo
desde la división primordial que hizo
posible el salto cualitativo y la conciencia
evolutiva, pero los géneros están en pleno
desarrollo: No se sabe cuántos más podemos
llegar a generar.
Dependerá del resultado de la batalla cultural
que nos compromete a todos por igual.
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