(Amílcar Ámbanos)
La mente puede estar abierta
o cerrada, sin que afecte su función.
Son formas de uso.
La mente, se abre y se cierra
como una flor, aunque no lo es:
No florece, y sus frutos son dudosos.
Pero una mente abierta es más fecunda
y entre todo lo que entra, puede que
algo florezca.
Una mente abierta es más apta para
el desarrollo del intercambio de ideas
y el comercio del pensamiento.
La mente abierta es propicia a todo tipo
de cultivo, alguno pude florecer. Aunque
también se abre al riesgo de ser desflorada
con o sin consentimiento.
Una mente bien cultivada, permanece
abierta a todo y no descansa. Es expansiva
y puede contener mucho más de lo que
imaginamos.
No todos tenemos la misma capàcidad
de imaginación, pero la mente puede
abrirse, cerrarse y desarrollar esta capacidad.
La mente, se abre y se cierra
como una flor, o un esfínter.
Más que una flor, se asemeja a una flora
intestinal, donde conviven toda clase de bacilos
y bacterias, buenos y malos.
Hay que dejar decantar, y aprovechar lo útil.
Abierta o cerrada, la mente no florece,
aunque responde al sistema binario.
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