(Alcides Ovando)
Legítimos arpegios
hilvanan al azar
su música discreta.
Encadenadas notas
que circulan a intervalos
regulares consecutivamente.
El arpegio es una fŕmula
tributaria de la repetición,
como otras.
Se ejecuta en forma ascendente
o descendente, o combinando
ambos sentidos.
Lo que no se puede repetir
no existe, decía un rapsoda
repetidor antes de ser poeta.
Más cierto: Lo que se repite
no se olvida: Veíase el arpa.
Arpegio viene de arpa,
pero no hace falta ser arpa
para producir un arpegio:
Cualquier instrumento no armónico
puede frecuentarlo, incluyendo
la voz humana.
Ahora estoy silbando un arpegio
que se articula con otro hilvanando
una secuencia de arpegios que suben
y que bajan, para volver al primero:
Es una estructura circular
que puede repetirse hasta el cansancio.
Yo no me canso de repetir
y tampoco sé silbar, pero no es necesario:
No se puede verificar.
Es legítimo el engaño, cuando sirve
a los fines del poema: Es un recurso,
como el arpegio, que no es otra cosa
que un acorde descompuesto.
El poema, esa unidad dudosa
compuesta de elementos hilvanados
al azar, también se descompone.
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