(Elpidio Lamela)
La autocrítica es
esencial en la producción
y la función
poéticas. Sin ella, un poeta
está condenado al
fracaso, más allá de su
talento.
Ambos son
necesarios, pero aquella debe
preceder e imponerse
a todos los recursos
del autor. El
resto, puede esperar:
Hay quienes pasan
años esperando percibir
un signo de talento.
No es mi caso: creo
ser lo bastante
autocrítico, al menos para
no esperar algo tan
azaroso.
La sensatez indica
que si todos fuéramos
talentosos, nadie se
admiraría de nadie y
no habría nada que
esperar: Cualquiera
sería poeta.
Ahora, por ejemplo,
tengo acabado otro
poema. No tengo
problema en reconocer
que no es gran cosa,
ni siquiera es un buen
poema aunque para
alguien podría resultar
aceptable; (hay
quienes carecen de capacidad
crítica)
No para mí, no
cultivo la autocomplacencia
y suelo ser bastante
severo como crítico.
Y más, cuando el
objeto de la crítica coincide
con el sujeto
implacable que sé ser.
El poema debe
atravesar todos los filtros,
pero al margen de la
crítica, debo reconocer
que es único, y eso
suma:
Hay pocas cosas
únicas, la luna, tal vez,
pero sólo para
nosotros: El cielo está lleno
de satélites y
soles…
Es cierto, son
nuestro sol y nuestra luna,
pero otros planetas
tendrán otros, aunque
no los veamos y tal
vez nadie más los vea.
¿Acaso somos
únicos?
No sabemos, pero no
se puede descartar
que acaso no haya en
el cosmos más vida
que la de este
planeta perdido.
Pero acá, sí que
somos únicos, al menos
en cuanto a vida
inteligente: Somos lo
suficientemente
inteligentes para reconocer
que somos únicos.
Ningún otro animal
puede saberlo. Para eso,
tendrían que
evolucionar bastante hasta ser como
nosotros; no es
poco.
Tampoco es poco
saber que somos únicos
y nos expandimos
como ninguno, cada vez
somos más, sin
dejar de ser únicos.
Y si bien
reconocemos diferencias, mantenemos
la unidad, aceptando
que el mundo avanza en un
único sentido:
descontamos que el más útil, en
un sentido crítico.
La autocrítica
siempre fue útil para superarse
y mejorar en todo lo
que hacemos.
Yo hice mi poema,
que no es bueno pero tiene
la fortuna de ser
único, como todos los poemas,
aunque resulte
descartable desde una crítica más
o menos rigurosa,
como cada uno de nosotros.