(Encarnación Segura)
Dábale arroz a la zorra el abad.
La zorra hubiera preferido otra
cosa, pero el abad no lo sabía,
ni sabía darle más que su arroz:
En la abadía no se cultivaba otra
cosa.
La zorra, azorada, aceptaba su porción
de arroz orgánico como si fuera un
chancho que come cualquier cosa
que lo engorde, hasta ser adobado
como dios manda a sus rebaños.
Pero un abad es ajeno a los placeres
de la carne con o sin adobar junto
a extrañas guarniciones:
El arroz es suficiente alimento para
él y lo comparte con su zorra.
El abad agradece ese arroz en sus
oraciones, en su nombre y en el de
la zorra:
Las zorras no son de agradecer mucho,
sólo comen y digieren, para volver a
esperar su arroz, aunque prefieran otra
cosa.
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