(Epifanio Weber)
¿Estás seguro de tener algo que decir?
-No, le respondí a mi mentor, un poeta
calificado.
-Bueno, decilo sin tapujos de la mejor
manera posible.
-¿Para qué?
-Nadie pregunta para qué se hace un
poema, mucho menos su autor, que
podría ser un poeta y tampoco saberlo.
-¿Y si no es?
-No importa, nadie se va a dar cuenta
¿Acaso no hay quienes fungen de sabios,
economistas, políticos, asesores o músicos
con argumentos más que dudosos?
A ver, ¿Cuántos periodistas conocés, que
en verdad lo sean? El público no cuestiona
esas cosas.
-Puede ser, pero yo no me debo a mi público:
Ni siquiera lo tengo.
-¿Y creés que eso te hace más honesto?
-No, pero hay que tratar de serlo; al menos
con uno mismo.
-¿Vos creés que a alguien le importa eso?
No les interesa quién sos, ni lo que hacés con
tu vida. Basta que ofrezcas algo divertido, que
resulte atractivo sin ser muy profundo, o que
los incomode un poco, no mucho. Lo importante
es que esté bien presentado, se deje leer rápido y
parezca novedoso. Seamos honestos…
-¿Pero qué valor puede tener eso?
-No, así no… ¿Vos sabés lo que es el valor?
¿Estudiaste todas las teorías del valor y las
distintas interpretaciones filosóficas?
-No, pero tengo una idea…
-Entonces dedicate a la filosofía, hay mucho
para hacer ahí y sería más honesto. La poesía
se hace con palabras, no con ideas.
Las palabras no siempre tienen algo que decir,
muchas veces sirven para lo contrario, y eso
también es un valor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario