(Tomás Mercante)
Mirar cosas muertas
mejora la visión del mundo,
oí decir a un moribundo.
Saber mirar las cosas muertas
no prolonga la vida pero
ejercita los signos vitales,
que no son tantos.
La muerte nos rodea
como siempre lo hizo:
está presente en cada movimiento
practicado como algo natural y
paralelo al mundo de los vivos.
La muerte merodea
en tiempo y forma todo cuanto
hacemos.
El mundo se compone de organismos
vivos y muertos que se complementan:
Éstos son más, pero tendemos a igualarlos.
Las diferencias son sutiles, una cuestión
de signos:
Al completar el ciclo, el observador
cambia de bando y se incorpora al
pasado de las fuerzas vivas, para dejar
su lugar a otro observador.
La vida puede prolongarse más
de lo deseado, pero es una sensación:
Las sensaciones no duran demasiado,
se renuevan como las fuerzas vivas
hasta que el último signo completa
su declinación.
Mirar las cosas muertas
amplía la visión de la vida.
Yo ya vi todo en este mundo,
decía un visionario moribundo.
Ahora quiero ver lo otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario