(Luis Espéculo)
No entendí mi poema,
ya me había pasado.
Entiendo que es normal,
tanto para el poema como
para cualquier entendimiento
limitado:
Los poemas tienen sus límites,
hay que entender que no son
para todos; si no, no serían
poemas.
Ninguno es para todos, y mucho
menos los buenos poemas, cuyo
nivel de elaboración los aleja de
la lectura fácil o periférica.
Es preferible que el poema ofrezca
alguna resistencia, que presente
zonas obscuras donde vacile la lectura.
Ahí, sólo ahí, tiene lugar el acto
creativo del lector, que está solo
y debe entenderse con su propia
oscuridad para elegir el sentido
que produce.
¿Qué otra cosa tendría que producir
el poema? Todavía no se sabe, pero
la producción no declina.
Ésto no significa que todos tengan
el mismo valor para todos, ni para
un lector genérico en particular.
Cada poema debe ser capaz
de diferenciarse perfectamente
de los demás, fijar sus límites
y ocupar un lugar propio.
Caeríamos en un lugar común
si dijéramos que todo poema
que se pretende de alcance universal
es sospechoso, o ni siquiera es un
poema.
Hay que entenderse con las dificultades
que plantea el poema para poder llegar
a destino.
¿Cuál es el destino último de un poema?
Hasta ahora no se sabe, sólo conocemos
algunos límites.
No entendí mi poema, al cabo de una nueva
lectura algo más ambiciosa. Podría tratarse
de una buena señal:
No sería tan bueno si lo hubiera entendido
con normalidad.
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