(Amílcar Ámbanos)
El zángano desnudo
busca su adjetivo. No descansa
en su condición de zángano,
aunque podría.
Luce rozagante como una gota
de rocío recién envenenada por
Dios.
Zánganos y dioses, son criaturas
ociosas, pero el zángano no aspira
a que se le endiose, ni espera
descender de Dios.
Ser zángano es bueno y es perfecto.
Este mundo está plagado de cuerpos
que trabajan más de lo necesario,
por un poco de veneno.
No hay que envanecerse ni envenenarse.
Un zángano vuela poco y nada; podría
hacerlo perfectamente si quisiera, pero
no lo necesita.
No necesita mucho un zángano
para sentirse útil y perfecto.
No hay motivos para cansarse
de ser zángano.
Sólo buscaba su adjetivo posesivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario