(Nicasio Uranio)
-Hay quienes muerden la mano
que los alimenta.
-Sí, pero otros son peores: No sólo
la muerden sino que se la comen…
-Puede que no sepan distinguir. Es
sabido que la carne produce adicción,
entre otras cosas. Dicen que quien
prueba carne humana, después no la
puede dejar.
-Bueno, yo antes de probar carne humana
me muerdo la lengua, o me la como…
-No sé, la carne es débil. Es difícil superar
nuestras debilidades, sobre todo las constitutivas.
-No, no es culpa de la carne, el problema surgió
con los dientes: Antes, estas cosas no pasaban.
-Sin embargo, los dientes son fuertes: son lo más
duro que tenemos; sin ellos no podríamos
desgarrar ni deshacer la carne. Ni probarla podríamos.
Son armas necesarias: Dios nos dio la carne para
comer y comerciar, y los dientes para masticarla,
convertirla en bolo y producir evolución, a partir
de este metabolismo superior.
-No me parece. Los dientes no eran lo que son.
Se adaptaron para aprovechar las ventajas de la
carne: Esa es la única evolución. Por lo demás,
la mecánica es la misma, funcionan por oposición.
Un diente no sirve para nada sin su oponente.
-Es verdad, tampoco nuestras manos hubieran
servido de mucho sin este pulgar opuesto, que
nos permite empuñar cualquier cosa: Todavía
estaríamos comiendo raíces y buscando frutos
del bosque. Ahí le doy la razón, toda nuestra
evolución la debemos a la oposición.
-Sí, no me opongo, sin ella no sería posible
la competencia que impulsa toda la evolución.
No podemos morder la mano que nos da de
comer; sabemos que el canibalismo existió
siempre, pero no pasó de ser una práctica
marginal que supo acompañar la gesta
evolutiva a través de todas nuestras conquistas
históricas.
-Hay que agradecer a la oposición y celebrarla.
Creo que la carne está a punto ¿O le gusta
más cocida?
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