(Ricardo Mansoler)
El mundo es cóncavo y unívoco.
Si no, no giraría
y hubiera caído como un chancho
antes de levantar vuelo.
Como volátiles, nuestros pensamientos
son ajenos al vuelo de lo cóncavo,
así como nosotros.
Nos une ese vacío que nos mantiene
erectos y expectantes
ante la novedad del giro:
¿Son idénticos, así como nosotros?
¿Era anodino alimentar el sueño circular?
¿Cuál era el centro del poema
cuando huyó de la verdad
para cobrar forma?
¿Cuál es la verdadera forma del poema
al despuntar su cavidad intrínseca
hacia el vértice unimembre del gerundio
opuesto?
¿Hasta dónde cavamos?
Pregunta el chancho conocido, cansado
de ver tanto ángel caído disputándole
su alimento balanceado?
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